Hace un par de semanas me traicioné a mí mismo y transigí en aceptar la invitación a uno de esos eventos a lo que juré no volver. Aguanté poco, eso sí: me fuí bastante antes de que terminara la sesión. Cuál fuera el acto ahora mismo tampoco tiene importancia.
Uno de los participantes me sirvió en bandeja un ejemplo de lo que
mi amiga María Sanchez llama "tratar los síntomas". Vaya, así lo creo.
Lo comparto a ver si es un buen ejemplo o por si tenéis experiencias
similares.
Situación: se hablaba de la necesidad de retener talento en Barcelona. Un responsable del ámbito de la investigación académica leía powerpoints cargaditos de letras.
(la transcripción no es literal: no lo grabé y mi memoria llega hasta donde llega)
Responsable y síntoma: "Hemos detectado un problema muy preocupante para alcanzar el objetivo de retener el talento de investigadores jóvenes en Barcelona. En efecto, a la mayoría de investigadores jóvenes extranjeros que inician su carrera aquí no les podemos dar unos grandes sueldos. Típicamente cobran entre 800 y 1000 euros. ¿Cuál es el problema? Pues que muchos de ellos ya tienen familias y las condiciones que nos marca la ley para el reagrupamiento familiar prescriben que los ingresos del cabeza de familia deben ser superiores a las cantidades que les pagamos como sueldo. Por tanto, no pueden traerse legalmente a sus familias y esto es un gran handicap para estabilizarlos y mantenerlos aquí como talento residente y con futuro.
Responsable y tratamiento: "¿Qué hemos hecho?. Pues nos hemos movido para solventar esta anomalía legal. Estamos en conversaciones con los responsables dle ministerio correspondiente para asegurar que podemos rebajar las exigencias de sueldo para el reagrupamiento familiar, al menos, por lo que hace a los perfiles científicos. Estamos avanzando en esta dirección".
¿Cómo lo véis? ¿Es la ley que regula el reagrupamiento la causa a tratar?

