Cada vez que me llega algún link a la prensa tradicional sobre la crisis, no puedo dejar de pensar en cómo la viralidad del cliché actúa como una auténtica consigna uniformizadora de miradas y opiniones para los que escriben en ese soporte... y no sólo para ellos. El placer por el impacto lleva a titular con efecto todo aquello que apunta a la interpretación estándard de la crisis. No es que sean los periodistas los únicos afectados por este mal, pero son muy visibles. Después de todo, siguen siguen siendo la referencia para muchos que se mueven en la esfera informativa tradicional, que aún son la mayoría de los que tienen una edad y algunas responsabilidades.

Más que transmitir información, el título efectista, el rumor continuado, crean y consolidan un marco mental similar en periodistas y lectores. El martilleo constante genera un estado de ánimo nada positivo, justo lo contrario de lo que se necesita en momentos así, si es que son tan graves.... Y dejadme que abra espacio para la duda, que lo podría haber si consideráramos dentro del contexto la potencia que propio marco mental tiene para autorreplicarse a través nuestro. En efecto, parece como si este marco llevara en sí mismo la orden de que buscáramos más indicios que lo confirmaran. !Es un marco mental con meme incluído!. Por tanto, ante semejante forma de reforzarse y propagarse no está de más poner la credulidad en suspenso. Hay quien sabe resistirse a la tentación de tragarse lo que apunte a la interpretación estándard.
Un ejemplo, creo, de resistencia a esta espiral autoconfirmativa sería el de Nathan Yau en FlowingData ("Four ways to look at... ") al poner en duda la presentación e interpretación que Nancy Pelosi realizó con los datos de pérdida de puestos de trabajo en USA durante las últimas recesiones. Según Pelosi estábamos en la peor de las caídas y esa fue la interpretación que siguió toda la prensa y una parte no despreciable de la blogosfera. Era la que más se ajustaba al marco mental de "esto es grave, no visto antes, peor que todo lo que haya pasado jamás". Y parece que no es ése el caso, al menos según Nathan Yau. Él puso la frialdad del científico a trabajar y se sustrajo al marco mental imperante. Pero fue una gota en el océano histérico y apresurado que inundó la prensa y, casi, la red. Y es que el el sesgo de autoconfirmación es mucho sesgo....

El marco mental estándard casi imparable que parece operar en esta crisis nos quiere convencer de que la actual realidad es el laberinto final, el fin de todo lo que conocemos, un claustrofóbico cuarto sin salida, sin futuro, algo así como el cubo de "The Cube". Alimentar este marco quizá sea un proceso que forme parte de la misma crisis. Se cementa así la parálisis creativa y la búsqueda de soluciones nuevas: dejamos de ver otras realidades, otras posibilidades, otros futuros. Y, como dice el póster de la película, este bloqueo viene acompañado de amigos nada útiles: miedo, paranoia, sospecha, desesperación.
The Cube: fear, paranoia, suspicion, desperation
En "The Cube" el miedo dificulta ya no sólo ver sino también probar la salida. Así que esa masiva contribución de los medios para hacernos construir un modelo mental miedoso es terreno abonado para quienes opinan que los medios tradicionales sólo están para mantener la docilidad del personal. Ciertamente, alimentar el miedo es una estrategia típica del poder. El miedo encoge, reduce, y agarrota. Poco se puede esperar de él. Nada bueno puedo salir de él. Paraliza. Esclaviza. Ya lo decía el replicante Batty en "Blade Runner" cuando la vida de Deckard pendía de su capricho:
"Quite an experience, to live in fear, isn't it? That's what it is to be a slave"
Blade Runner (1982).
Así que, ¿qué trucos podemos utilizar para salir del miedo y sus modelos mentales?.
Las acciones inspiradas e inspiradoras que en el pasado tuvieron éxito y sacaron del miedo y de sus bloqueos a varios grupos humanos están en buena parte asociadas a la frase genialoide de algunos líderes providenciales y carismáticos. O de algún héroe anómino, espejo de virtudes para sus colegas y conciudadanos. También el cine nos ha regalado con ejemplos de este estilo. Uno diría que conforman un subgénero en sí mismos.
Me viene a la memoria el recuerdo de una película superpropagandista de la Segunda Guerra Mundial, de las que absorbías derrengado en el sofá de casa un sábado adolescente sin plan después de un viernes de excesos. Creo que era "Treinta segundos sobre Tokyo".
Se trataba de todo un panegírico a una acción militar real pero decidida y diseñada para tener un efecto puramente propagandista (¿Guionista de esta apología bélica? Dalton Trumbo. Sí, sí, el antibelicista de "Johnny cogió su fusil". Fíjate tú lo que son las cosas y los momentos).
En efecto, el primer y simbólico bombardeo sobre Tokyo por parte de unos pocos aviones americanos en 1942 no tenía otro objetivo que levantar la moral. En ese momento, la segunda guerra mundial no les iba precisamente de cara a los yanquis. Pues bien, en esa película hay una escenita en la
retaguardia, en plena noche, cuando la incertidumbre sobre el éxito de la misión es
enorme y no hay comunicación alguna con la patrulla de bombardeo. Tiene lugar en una estrecha sala de comunicaciones alumbrada, para más dramatismo, por una
sola bombilla (¿O era un pimer plano de Van Johnson? Esta memoria...). Es una pausa en la acción, uno de esos momentos reflexivos calculados para colarnos "el mensaje". Rodeado de sus preocupados y timoratos colaboradores, el jefe de la misión se lanza a un soliloquio profundo y va y les suelta:
"A lo único que tenemos que tener miedo es al miedo mismo. Hemos de destruir el miedo. Hemos de destruir la destrucción "
Tanta recursividad no es inocente ni tampoco está desligada del poder. A fin de cuentas, casi la misma frase la dijo Roosevelt en su discurso inaugural en 1933, algo que seguro que tenía aún presente el público americano del film en 1942:
The only thing we have to fear is fear itself.
Frase que, a su vez, resuena con otra similar que podemos encontrar en el libro primero de los Ensayos de Montaigne:
C'est de quoi j'ai le plus de peur que la peur
(De lo que más miedo tengo es del miedo)
Conociendo la momumental regurgitada de saber grecolatino que hizo Montaigne aún podríamos desenterrar algun latinajo de Cicerón o de algún oscuro filósofo menor donde el miedo, el miedo al miedo y, en suma, la observación del mutuo refuerzo de ambos miedos fuera tratada e incorporada a los modelos mentales de la sabiduría clásica. Y eso apunta a otro marco mental o, casi deberíamos llamarlo metamarco, que es el modelo mental de la infinita recursividad del miedo, del miedo al miedo, del miedo al miedo al miedo, etc. etc.
Que sabios de la altura de los clásicos y que líderes de masas ofrezcan como solución al miedo de nivel uno (el miedo a la crisis, por ejemplo) un miedo de nivel dos (el miedo a tener miedo) no me parece la mejor forma de articular un pensamiento útil y práctico, desbloqueante y creativo. Nos llevan otra vez a estar en el punto cero.
Paul Watzlawick se frotaría las manos con este bloqueo producido al confundir y extender (¿interesadamente?) el nivel básico de interpretación (el miedo a la crisis) hasta el metanivel (el miedo al miedo). Un mecanismo de lo más neurótico.
Utilizar trucos par sacarnos del "Cubo" del nivel primer nivel para ver más horizonte desde un segundo nivel debería llevarnos a la acción creativa, no a generar una parálisis aún mayor.
Pero para saltar a ese nivel es preciso desconectar mecanismos muy profundos que poco tienen que ver con lo racional. Y no es fácil encontrar o inventarse frases, consejos o imágenes que desconecten de una vez la espiral de modelos paralizantes. Hay que ser imaginativo y creador. Un buen aconsejador, líder o como se le quiera llamar, debería ser un experto en inventarse trucos que ayudaran a havernbos ver todo un nuevo marco de interpretación, uno que ni tan siquiera sabíamos imaginar. Quizá sea eso lo que quieren decir cuando apuntan que un buen líder es como un buen artista. Aunque ¿por qué limitarnos a los líderes y no pensar en cada uno de nosotros en cada momento?.
Buscando trucos para poner en blanco la reflexión y empezar a moverse me viene a la memoria aquella
frase de Goethe, útil para cuando uno está atollado, agarrotado, no
sabe ya para dónde moverse y está a punto de abandonar:
"Cuando un idiota no ve la salida cree que todo ha terminado"
Para autodarse un autopescozón de automotivación efectiva, resulta mejor decírsela a uno mismo usando el sentido contrario de la implicación. Esto es, "si no ves la salida y crees que
todo ha terminado...es que eres idiota". Lo mismo si queremos desencadenar este efecto en los otros. Si no vemos la salida es que debemos encontrar otro punto de vista. Goethe es sabio utilizando ese rescoldo de vanidad que lleva a muchos a pensar que jamás de los jamases podrían ser idiotas.... y que, por tanto, debe de haber una salida. Las más de las veces no la hay pero por no parecer idiotas se la inventan. Como el Barón de Münchhausen que decía haber salido de un profundo pozo tirando hacia arriba de sus propias botas (¿vendrá de ahí lo del bootstrapping?).
Quizá, pues, lo interesante sea dar con herramientas útiles para desbloquear ese otro camino pavimentado por los clásicos y la propaganda cinematográfica en el que el miedo y el agarrotamiento no hacen sino aumentar de nivel y amplitud. Quizá los verdaderos líderes sean los que saben salir de las crisis haciendonos ver cómo hemos llegado a ellas al haber tomado por naturales lo que eran marcos de interpretación artificiales. Y son capaces de hacerlo sin llevarnos a otro nivel de miedo y parálisis, claro. Esto es, son capaces de imaginar nuevos mecanismos movilizadores para que los otros vean estas falacias y se pongan en marcha.