Me encuentro con iniciativas bienintencionadas en organizaciones en proceso de cambio - o que dicen que quieren cambiar. En particular, me llaman la atención las que integran la idea de la autonomía... a medias, Cuando esto ocurre, en vez de una organización compleja, sólo seguimos teniendo una organización complicada. Es fácil detectar algunos síntomas. Casi siempre, la dirección recurre a la comunicación dirigista rica en slóganes sobre visión, valores, y misión remachados por esfuerzos propagandísticos -a veces de gran calidad y coste- hacia adentro y hacia afuera. Intenta "visualizar" por todas partes lo bien que se hace todo, cómo estamos por los objetivos, cómo nos comprometemos con nuestra comunidad, etc. Para abandonar el control y el micromanagement tienden a olvidarse del seguimiento de los aspectos críticos, no siempre medibles. Por desgracia, una cosa es visualizar vía publicidad y otra a través de la acción coherente pero autónoma de todos y cada uno de los miembros de la organización. Y una cosa es no controlar y otra saber promover la responsabilidad individual y de cada grupo de trabajo.
Un ejemplo. Mi barrio está perdido entre las laderas de Collserola, lejos del centro "cool" de Barcelona, y en fuerte pendiente. Supongo que por pura imposibilidad física para localizar lugares donde fijar los contenedores correspondientes, ha costado desplegar la recogida selectiva de residuos. Pero todo va llegando. Ayer, sin ir más lejos, alguien en nombre del Ayuntamiento de Barcelona empezó a repartir unos sacos que contenían bolsas de reciclaje de diversos colores y funciones. La intención es que los vecinos vayamos cogiendo práctica en esto de separar residuos para reciclar. Me parece muy, muy bien.
Pero, y de ahí viene mi preocupación por la coherencia, fueran quienes fueran los repartidores... -espero que de forma atónoma y no por protocolo de trabajo- decidieron abandonar junto a mi puerta la caja de cartón que había contenido las cincuenta bolsas que repartieron en mi calle, a unos ciento cincuenta metros del primer contenedor (clásico) de basura y a unos quinientos del primer "reciclante" más próximo. ¿Acción coherente con la visión, misión y valores asociados al reciclaje y la sostenibilidad urbana?.

¿Es esto una anécdocta o un síntoma de hasta qué punto el equipo de trabajadores de BCNeta, o de la empresa "outsourceada" que fuera, integraba los valores, visión y misión de esta iniciativa? ¿Es posible ser autónomanente responsable cuando formas parte de una empresa "outsourceada" y véte a saber tú en qué condiciones de trabajo? ¿Es el "outsourcing" una buena forma de crear grupos de trabajo autónomos de acción coherente? ¿Basta con medir el número de bolsas repartidas o hay que guiarse por otro tipo de sensibilidades, cuidados, y valoraciones más cualitativas?. Si la autonomía responsable surge cuando no hay control... ¿qué se debe hacer para reconducir estas incongruencias sin romper los delicados mecanismos de las organizaciones complejas?. Por cierto ¿machacar la visión, misión y valores sirve para generar autonomía responsable? ¿Y para crear comunidad entre los "antes conocidos como usuarios y clientes" y, en este caso, entre los "antes conocidos como" conciudadanos y convencinos?.
Item más, he pasado un rato muy entretenido en la web del Ayuntamiento de Barcelona, dudando dónde demonios informar de la alta coherencia de esta acción. Sigo sin decidirme después de dos horas y media de búsqueda. Me quedo con la idea de que el Ayuntamiento es una organización complicada bastante lejos de las organizaciones abiertas o de las tecnologías 2.0.
Eso sí, agradezco sus esfuerzos por fomentar el reciclaje. Y lo digo sin ninguna ironía.
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