Las últimas semanas estoy reflexionando sobre los supuestos que dieron pie a la creación de Citilab. De hecho, estamos en un proceso de clarificación en grupo dentro de Citilab.
Para mí, lo más distintivo de Citilab respecto a otros centros ceranos a "lo digital" es que quiere posicionarse como un centro de promoción de la Cultura Tecnológica en su dimensión social desde lo más central y característico de esta cultura. Esto afecta a muchos ámbitos de actividad, sobre qué colectivos se proyectan y cómo se proyectan.
Hemos atraído programadores, informáticos más o menos teóricos, creadores de redes, activistas sociales, "dospuntoceristas", emprendedores, estudiosos de la innovación, empresarios, comunicadores, políticos, diseñadores que se cuestionan el diseño, creadores y estudiosos de lo audiovisual, antropólogos, sociólogos, etc. etc. Cada uno de estos perfiles colabora en mayor o menor grado en uno o más proyectos de Citilab, proyectos que, otra vez a mi parecer, van en la línea de promover una serie de actitudes, de valores, de formas de pensar, de relacionarse y de participar que van más a allá de la simple superposición de "lo digital" o de "la tecnología" sobre las actividades habituales.
¿Qué hay, en realidad, detrás de todo esto?
Mucho: acercarse y ayudar a acercarse a los ciudadanos al núcleo de lo que es la cultura tecnológica. Esto es, al núcleo de cambio, de innovación que surge de la cultura tecnológica.
Qué pueda ser ese núcleo, es algo en definición y que requiere un proceso contínuo para diseñar, comunicar y promover prácticas, métodos de pensar y formas de crear conocimiento que han evolucionado desde la irrupción de la tecnología de la información, de la informática.
Ese núcleo es lo que está, por ejemplo, en el punto común entre programar y crear una audiovisual digital (Un ejemplo, que le debo a Jordi Delgado, el Live Coding, como forma de expresión artística musical que parte del dominio de la construcción de software); entre crear una plataforma de software y diseñar un plan urbanístico para una ciudad... como si la ciudad fuera un sistema operativo. (Interesante pensar en la calle como plataforma o en los planes urbanísticos como los Urban Version Systems inspirados en los sistemas de versiones de los proyectos de código abierto).
¿Cuál puede ser ese punto común?
Hay diversas respuestas pero me gusta la aproximación que hace Lev Manovich, a partir de su crítica y análisis de los modelos parciales que estudian la nueva cultura surgida de la tecnología (en sus facetas de cibercultura, nuevos medios digitales, etc.)
En su libro de 2001 en MIT Press The Language of New Media decía:
“Los Nuevos Medios necesitan una nueva fase en su teoría, cuyos comienzos se pueden rastrear en las revolucionarios trabajos de Robert Innis y Marshal McLuhan en los años cincuenta. Para entender la lógica de los nuevos medios tenemos que volver nuestra vista a la informática (“Computer Science”). Es ahí de dónde podemos esperar extraer nuevos términos, categorías y operaciones que caractericen a los medios, que se han convertido en programables. De los “Media Studies” nos desplazamos hacia algo que cabe llamar “Software Studies”; de la teoría de los medios, a la teoría del software”.
El concepto de software que maneja Lev Manovich es el de software como complejo cultural en torno a “lo programable” y lo que esto conlleva en términos de pensamiento, de generación de cultura, y de transformación de las dinámicas sociales y económicas.
Matthew Fuller fue uno de los primeros en organizar workshops sobre los nuevos “Software Studies”. En el Workshop de Rotterdam del 2006 comentó que
“El software se puede ve como un objeto de estudio y como un área de práctica para la teoría del arte y la del diseño pero también para las humanidades, para los estudios culturales y para una línea reflexiva que empieza a emerger dentro de la informática”.
Lev Manovich va recogiendo aquí y allá evidencias de que algo se mueve en torno al software como constructor de culturas.
Por ejemplo, el teórico literario Friedrich Kitter, dice:
“Los estudiantes de hoy en día deberían saber, al menos, dos lenguajes de software: sólo entonces podrán decir algo con fundamento sobre qué es “cultura” ahora”.
Finalmente Manovich pasa a hablar de "Software Cultural" para centrarse en el aspecto generador de cultura del complejo "software", comenta que:
“El software cultural no es tan sólo un nuevo objeto - por mucho que sea grande e importante- que hemos dejado caer dentro del espacio que llamamos “cultura”. En otras palabras, sería muy poco preciso pensar en el software como algo que podemos añadir al conjunto que contiene a la música, el diseño visual, los espacios construídos, los códigos del vestir, los lenguajes, la comida, las culturas de clubbing, las normas de las empresas, etc. etc. Es decir, que mientras que, ciertamente, podemos hablar de “la cultura del software” - esto es, observar cosas como las prácticas de los programadores, los valores e ideologías de los programadores de las compañías de software en Silicon Valley y Bangalore, etc. etc.- si sólo hacemos esto, entonces nos perdemos la verdadera y real importancia del software. Al igual que el alfabeto, las mátemáticas, la imprenta, el motor de combustión, la electricidad, y los circuitos integrados, el software re-ajusta y re-construye todo aquello a lo que se aplica - o, al menos, tiene el potencial para hacerlo. Dicho de otro modo, añadir una nueva dimensión a un espacio preexistente tan sólo nos aporta una nueva coordenada a cada elemento de este espacio, “añadir” el software a la cultura simple y llanamente, cambia la identidad de todo aquello que conforma esa cultura”.
No está mal como declaración de principios. El resto del libro de donde han salido estas citas, va “in crescendo”. Cómo no, se llama “Software Takes Command” ("El Software toma el mando").
Creo que a partir de posicionamientos de este estilo (aunque no sólo de ellos) se puede entender mejor por qué Citilab actúa e investiga en:
- El proceso de innovación desde las metáforas relacionales de la tecnología
(Diseño Abierto P2P, Open Source, Innovación Abierta, etc.)
- El impacto en la formación y la educación (desde el e-learning a la educación tecnológica: dónde es muy importante el trabajo en promoción de la educación con especial atención a cómo desarrollar el pensamiento de programación en niños vía, por ejemplo, Scratch o, para los aún más pequeños, Tecnolab).
- Cómo afecta a los ciudadanos en su papel de constructores de ciudad
(un exponente de este área es Urbanlabs, que pronto tendrá nueva edición. También nuevos proyectos de ciudad que pronto describiré)
- Cómo se generan nuevas formas de comunicación, divulgación y expresión (del que la discusión sobre el papel del pensamiento tecnológico en la creación y difusión de la ciencia es un aspecto y el Social Media Lab a punto de abrir en la última planta del Citilab es otro).
- Cómo analizar y crear modelos de todos los cambios que se producen en todas estas dimensiones (por ejemplo cómo medir la innovación social que se genera al lanzar sobre un espacio urbano iniciativas de promoción de la cultura tecnológica como el propio Citilab), en particular sobre las innovaciones sociales, las empresas, y el trabajo.
El libro de Manovich ("Software Takes Command") os lo podéis descargar en .pdf de aquí.
Gracias Laia uno de los motores del Social Media Lab de Citilab, por darme la primera pista sobre Manovich!.
Últimos comentarios