Arquitectura, coherencia y efecto jefe
Estupenda experiencia la que cuenta Mark Shenk en Anecdote.
Una compañía organiza un nuevo edificio con arquitectura "abierta" para favorecer la colaboración entre los empleados. Montan un atrio continuado con rincones donde reunirse de manera informal. Es un éxito. Se acaban las reservas de sales de reunión formales -que siguen existiendo para eso, para reuniones formales- y la gente se siente cómoda. Se encuentran máss, colaboran con personas que de otra forma no encontraban. Salen ideas...
Problema: en la pared opuesta del edificio, un piso más arriba, están las oficinas de "los jefes". Desde las oficinas se puede ver, abajo, al otro lado, la "zona abierta". De repente, alguien se encuentra con un jefe que le comunica haberle observado com "mucha frecuencia" en la zona abierta, "pasando demasiado tiempo allí". En poco tiempo la gente no va a la zona para no sentirse observado. La colaboración baja.
La arquitectura condiciona muchísimo las posibilidades de colaboración. Tanto en positivo (como en este caso referido por Juan Freire) como en negativo (como en este blog dedicado a las "arquitecturas de control").
Pero es sólo una parte de la cuestión. Si no trabajas la el cambio de actitudes y pautas y si no integras a todos, absolutamente a todos en el proceso, ya puedes poner la mejor arquitectura del mundo que la cosa no va a salir. Y esto incluye a los jefes.
En todos los proyectos para el desarrollo de organizaciones abiertas en los que he colaborado, el "efecto jefe" es tremendo. Hasta que los jefes no entran en "modo abierto", generan unos silencios y unas unanimidades en los procesos de discusión que aturden. Aplanan la diversidad de puntos de vista y ralentizan el proceso de crecimiento del grupo o, sencillamente, impiden que empiece ese proceso.
Si no salimos de esta fase, con mucha suerte, llegamos a un cambio cosmético, como el de ese "edificio para la colaboración". Es un placer, en cambio, cuando das con un jefe que se cree realmente esto de las organizaciones abiertas.
Entonces el problema es otro: cómo asegurarse de que los no jefes son realmente abiertos y no meros seguidores de las radicales opiniones de cambio del jefe.
En el caso que relata Shenk parece que los jefes (a) no se integraron en el proceso y (b) confiaron todo a la arquitectura del espacio olvidando la arquitectura de las relaciones personales.
Ay los jefes, qué cruz, te pasaría a unos cuantos de los míos en la Universidad de Alcalá para ver si los transformabas.
Publicado por: vitalidad | 03/11/07 a las 13:09