Tecnología y humanismo
Estos días, de nuevo, reflexiono sobre las ideas que sustentan el proyecto Citilab Can Suris. Para definirlo, diría que es una "máquina de creación de proyectos" y una "constelación de comunidades de innovación, investigación y desarrollo en TIC". Un proyecto que huye del típico "escaparate institucional" donde el visitante se pasea ante plafones que demuestran las TIC... y se aburre un montón. No vamos de déspotas ilustrados sino de dospuntoceros. Divulgaremos las TIC con la gente. Citilab evita lo que comúnmente se entiende por "divulgar la tecnología", esto es, la pura exhibición de cacharrería. Al contrario, Citilab será un entorno para involucrarse en la construcción de tecnología. También busca romper la identificación simplista de la tecnología con la creación de herramientas. Su punto diferencial: mostrar la tecnología como forma de construir conocimientos.
La base conceptual de esta visión procede del trabajo sobre "Culturas de Diseño" de mi amigo y colaborador en Citilab, el antropólogo Artur Serra. Bastantes antropólogos miran la tecnología con respeto e interés. Otros, más radicales, afirman que lo que nos hace humanos es, precisamente, la tecnología. Esto contrasta con la imagen generalizada de la tecnología como forma "low" y despreciable de construcción de conocimientos. El origen de semejane desdén nos llevaría quizá hasta Grecia y su aristocrático desprecio por el trabajo manual. A lo largo de los siglos esta opinión negativa ha mostrado una persistencia tremenda, granítica, de adoquín. Y sigue. En presentaciones y conferencias donde he expuesto la idea, aparece el típico que lo ve todo claro. Muy ofendido él por mi prometeico atrevimiento, se lanza a despotricar contra la tecnología por "deshumanizada", "antihumana", "antihumanista" y otros pecados similares.
El mismo Artur Serra me brindó el guión de un experimento útil en estos casos. Si el "humanista" lleva gafas, Artur le invita a experimentar con él y le pide que se las quite. En cuanto lo hace, le espeta "Y, dígame, ¿qué le parece la tecnología ahora?".
Pues yo, que estudié psicología, me acerco con cautela a las tecnologías (y mira que mis amistades me tienen por tecnófilo). He llegado a ellas creo que comprendiendo que extiende nuestras capacidades para comunicarnos. Pero, claro, lo que me abruma es la forma en que a veces se "imponen" al humano de turno. Me gusta utilizar la expresión "tecnología amable" porque si bien es cierto que también aprendemos de ciertos cataclismos, es más habitual que lo hagamos mediante una sensibilización sistemática. Y, claro, la mayor parte de las veces que veo cómo se implantan muchas TICs, tengo la sensación de que "es una lástima que tengan que usarlas los humanos".
Pero serán mis neuras...
Saludos de camino pamadrí.
Publicado por: Julen | 01/06/07 a las 21:42
Julen: respecto a las amabilidades estamos de acuerdo. Estarás de acuerdo también, que lo mejor es convertirse todos en aprendices de construcción de tecnología y de us forma de entender el conocimiento, divertirnos como diseñadores, aprender haciendo y hacer de esta actividad un punto de encuentro. Y que ciertas TIC se implantan de cualquier manera, pues también.
La receta, poco amable, de Artur es para los que ni tan siquiera admiten el diálogo, en vez de pensar repiten tópicos, satanizan lo que no comprenden y, de paso, mantienen las cosas como están. Como estrategia no será amable pero es un placer poner en su sitio a tanta máquina de repetición. Y tiene una ventaja: en más de una ocasión el experimentito romple el modelo mental del interfecto y le pone a pensar de verdad, más allá de la sensibilización o la seducción. Sócrates hacia preguntas incómodas y rompía modelos pero ayudaba.
Entre Sísifo y los dioses... siempre me quedo con Sísifo. Y no sólo camusianamente.
Publicado por: Ramon Sangüesa | 02/06/07 a las 11:22